Según un estudio, si en su quehacer diario suelen estar en
contacto con sangre las probabilidades casi se triplican.
«El contacto con la sangre, como al pincharse con una aguja
al poner una inyección, se asocia a un riesgo de infección y sigue siendo la
principal amenaza para la salud de los sanitarios», ha reconocido Claudia
Westermann, investigadora del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf
(Alemania) que ha liderado la investigación.
La hepatitis C se transmite generalmente a través de la
sangre y la mayoría de afectados actualmente entraron en contacto con el virus
por compartir agujas, bien para una trasfusión de sangre o por el consumo de
alguna droga inyectable.
Para evaluar la prevalencia de la hepatitis C entre los
profesionales sanitarios, Westermann y su equipo revisaron los datos de 44
ensayos clínicos publicados y vieron que en Estados Unidos y Europa, donde la
prevalencia de la enfermedad es relativamente baja, los profesionales
sanitarios tienen el doble de probabilidades de infectarse que el resto de
población.
El riesgo también se duplicó en el norte de África, Oriente
Medio y el sudeste asiático, a pesar de que las tasas de contagio en Japón
entre este colectivo eran similares al resto de la población.
Además, vieron como, en términos generales, entre los
profesionales sanitarios los hombres tenían el triple de riesgo que la
población general, frente al 50 por ciento de probabilidades en el caso de las
mujeres.
Por profesiones, el médico tenía 2,2 veces de probabilidades
de sufrir hepatitis C, mientras que entre los dentistas era 3,5 veces mayor y
en el personal de Enfermería, en cambio, el riesgo sólo era un 70 por ciento
mayor. Y entre los sanitarios que estaban en contacto habitual con sangre, como
cirujanos, matronas, microbióogos, patólogos, bancos de sangre o responsables
de aparatos de diálisis, el riesgo de infección era 2,7 veces mayor.
No obstante, los autores reconocen que el estudio tiene
muchas limitaciones ya que, entre otras cuestiones, no incluyen otros factores
de riesgo individual, como el consumo de drogas o las prácticas sexuales.
Actualmente hay herramientas que han mejorado la seguridad
en la práctica clínica y reducen el riesgo de accidentes «pero no lo previenen
por completo», ha reconocido Westermann, que asume que las infecciones a través
de la sangre «seguirán siendo una amenaza para los profesionales sanitarios.
Fuente: abc.es
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